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El libro de los inicios
1.1 La leyenda de amor eterno.

Azul.
Gigante.
Ancestral. Completamente desconocida.
Una nube impresionante, proveniente de la lejanía.
Nacida para volar, se movía velozmente y con gran facilidad.
Iluminaba las esferas con un fulgor azul oscuro majestuoso, como
nunca nadie había visto jamás. Ni siquiera los Dioses. Ni siquiera los
Nagas, que conocían todos los secretos de los Inframundos.
Los dioses de Amaravati se disponían en una larga fila, a la orilla del
Mar Fundido, viendo cómo la nube se acercaba.
Entre ellos, Karendranath. Pasando los dedos por su hacha de tres
filos, el dios se estremeció: “Si esa cosa nos ataca, nuestro Señor
Melquisedec tenga piedad de nosotros”.
La magnitud de la nube era lo que le desconcertaba. Había visto
Dragones Voladores antes, pero nunca desde tan cerca. Encontrándose
cara a cara con uno, estaba atónito ante la absoluta magnitud del Ser.
Y la música…
La música estaba más allá de lo que su Punto pudiese comprender.
Al mismo tiempo que el Dragón Volador se iba acercando,
inexplicables armonías henchían las esferas. Música multidimensional,
vastedad enigmática.
La Canción de la Creación.
Trillones de voces devolviéndose mutuas llamadas.
Eones de extrañeza. Soñando desde antes de la Noche Cósmica.
Mucho antes de que los dioses hubiesen nacido.

*La Atlantida

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